INFORMACIÓN EN TIEMPOS DEL COVID

Integridad de la información en tiempos de pandemia

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Estar informado solía ser privilegio de pocos, luego, la invención de la imprenta permitía a un grupo más grande de personas obtener y conservar dicha información. Durante el siglo pasado, la población informada creció exponencialmente, con la llegada de la prensa y la aparición de los medios de comunicación masivos como la radio y la televisión. Sin embargo, la información nunca había estado tan accesible como en nuestros días, en la llamada era digital.

Debemos reconocer que la ventaja de la asequibilidad viene acompañada de riesgos. La información o la distribución de esta puede estar viciada por desinformación, falsedad, parcialidad, sesgo, agenda nociva y muchos otros contaminantes. La integridad de la fuente del contenido es un factor determinante, más ahora que muchas personas utilizan las redes sociales como fuentes de información, o realizan investigaciones en los motores de búsqueda de internet. Además, todos los usuarios, que en otro tiempo serían simples consumidores, tienen ahora la peligrosa capacidad de emitir información o de compartirla prácticamente sin procesos de verificación alguna. Es decir, es muy fácil comunicar, con o sin intención, información cuya fiabilidad se desconoce.

Actualmente, el confinamiento, y otras recomendaciones de distanciamiento social, han acelerado la transformación digital, poniendo cada vez más en evidencia la complejidad a la que estamos expuestos. La pandemia trajo consigo una gran cantidad de información difícil de validar o verificar. Desde teorías de conspiración sensacionalistas, amarillistas y maliciosas, hasta recetas sencillas de infusiones caseras para prevenir el contagio del COVID-19. Los motivos para publicar este tipo de información varían, una razón es que al generar interés se pueden monetizar las visitas al sitio emisor, también se ha identificado que sirven como carnada para propagar archivos maliciosos.

Se podría pensar que no hay víctimas en la desinformación; sin embargo, las llamadas “fake news” tienen la capacidad de generar grandes consecuencias. La característica común es el contenido atractivo y muy consecuente con la actualidad, el usuario es persuadido por consejos de salud, brebajes milagrosos, incluso recetas médicas contraproducentes que podrían resultar en complicaciones o fatalidades al ponerlas en práctica. Pero los riesgos van más allá de la salud, por ejemplo, desde el Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica se identificaron una gran cantidad de campañas de malware y phishing que hacían alusión a la actual crisis sanitaria, a sabiendas del interés generalizado alrededor de este tema.

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A continuación, tres consejos para identificar y así evitar difundir noticias falsas:

  • Revisa la fecha y el contexto. En muchas ocasiones se utiliza una noticia real, pero desligada a la actualidad para reforzar una creencia. Si ves un título de una nota que indica: ministro de salud asegura que la OMS miente. Probablemente esta noticia fue veraz en su momento, pero la dijo un Ministro de Salud en 1998.
  • Verifica si la fuente posee autoridad acerca del tema y no solamente fama o notoriedad, es decir; si un cantante reconocido de música popular asegura que el consumo de jengibre lo hace inmune al coronavirus, no es necesariamente fidedigno.
  • Analiza si la información se trata de un hecho o de una opinión. Podemos decir que la frase “Las infusiones matan al COVID-19, porque el virus no soporta el calor” es una opinión, y “la Universidad de Aix-Marseille Université de Francia identificó que la cepa del SARS-CoV-2 deja de reproducirse después de haberse sometido a 60° durante una hora”, es un argumento sustentado por datos y entidades reconocidas.

 

Según Miguel Ángel Mendoza, especialista de seguridad del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica, “los medios de comunicación y líderes de opinión juegan un papel importante: con una gran influencia tienen una gran responsabilidad. Si la información que difunden resulta falsa, se convierten en una fuente poco confiable, pero no solo eso, también pueden incidir de forma directa en la salud y en la vida de las personas. Los consumidores y usuarios de las redes podrían también ser emisores irresponsables al difundir esta información, por lo cual debemos conducirnos con los valores mínimos de ética digital”.

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